La mujer directiva
Cada vez hay más personas que creen que en el mundo de los negocios tener a mujeres en los puestos de dirección no es sólo políticamente correcto, sino que es una necesidad para entender bien a la empresa y a los clientes. Esto puede ser una convicción, pero todavía alejada de la realidad.
Damos por supuesto las ventajas de la incorporación de la mujer al mundo laboral tanto para la empresa como para la sociedad. Es evidente que las mujeres se van incorporando al mercado laboral de forma generalizada, pero también lo es que falta que su posición tenga los niveles exigibles en lo que se refiere a la calidad y a la igualdad de oportunidades. Si nos fijamos en la evolución, vemos claramente que estos cambios han sido especialmente notables.
Un ejemplo paradigmático lo tenemos en el caso catalán, ya que las mujeres catalanas tienen hoy tasas de actividad y de ocupación superiores a la media española y también superiores a la media de la Unión Europea (Boletín estadístico “Dona i Treball”, julio del 2004, Departament de Treball i Indústria de la Generalitat de Catalunya). Así, en el año 1977, sólo 1 de cada 4 mujeres catalanas entre 25 y 54 años tenía trabajo o lo buscaba, mientras que el 2004, 3 de cada 4 se encontraban dentro del mercado laboral.
En concreto, la tasa de actividad de la mujer catalana entre 16 y 64 años se encuentra alrededor del 64,5%, unos 8 puntos por encima de la media española y 3,7 puntos por encima de la media europea, y la tasa de ocupación de les mujeres en Cataluña es del 56,6%, ligeramente por encima de la media europea y casi 9 puntos por encima de la media española.
A pesar de la apariencia que puedan dar estas cifras, la situación ocupacional de la mujer en nuestro país se encuentra muy lejos de ser satisfactoria. Como afirma Carlos Obeso, coordinador del sexto informe Randstad sobre Mujer y Trabajo en España, elaborado por el Instituto de Estudios Laborales (IEL) de ESADE, “que hayan disminuido las diferencias laborales entre hombres y mujeres en España es, probablemente, más el efecto de la evolución de la economía que el de los valores de igualdad de la sociedad española”. La discriminación que sufre la mujer respecto al hombre en el mercado laboral tiene diferentes evidencias tanto en la desigualdad de salarios, como en la posición profesional dentro de las compañías y las dificultades de conciliar la vida laboral y familiar.

