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¿Contratan las empresas en la incertidumbre?

Sigue abierto el debate de si la flexibilización del mercado laboral ayudará a crear empleo o no. En mi modesta opinión, lo que hará que las empresas (que son las que lo hacen) generen empleo, será la activación de la economía y el consumo. Dicho esto, que este efecto se traduzca en generación de empleo de forma más o menos inmediata, dependerá de la flexibilidad de las condiciones de contratación y despido.

Principalmente para las PYMES, es fundamental. Muchas han sufrido un alto coste por ajustar sus plantillas a la reducción de actividad. Por desgracia, con el modelo actual, cuando las que han sobrevivido necesiten ampliar su plantilla, la hipoteca que supone contratar un profesional, sin la seguridad de que su puesto de trabajo sea sostenible en el tiempo, hará que antes de contratar se busquen otras vías: sobrecargar la estructura, horas extras, trabajo temporal, contratos temporales, …

Esto hará que hasta que la recuperación no esté consolidada, la confianza recuperada y la necesidad de más personal muy evidente, no se hagan nuevas contrataciones.

En este contexto nos movemos los Head Hunters al buscar directivos.

Mucha gente me pregunta cómo veo el mercado, como si tuviese una bola de cristal. Realmente nuestra actividad está directamente correlacionada con la actividad económica y por lo tanto solemos ser un buen indicador. El problema es que en épocas de crisis las empresas se vuelven más autosuficientes. Hay un gran número de directivos proactivos que provoca que la captación que hacen directamente las empresas sea sustancial, y por ello nuestra visión es parcial.

No obstante, haciendo un ejercicio de consolidación de la información que compartimos los colegas de profesión y el pulso de los candidatos, podemos concluir que estamos mejor que hace un año.

Parece que el mercado se ha desentumecido. Las empresas empiezan a tener de nuevo necesidad de captar profesionales. Pero lo hacen todavía de forma tímida, insegura, desconfiada. Los procesos de decisión son lentos, cambiantes, inseguros. Las empresas redefinen sus necesidades, modifican los perfiles, les cuesta decidir, les tiembla el pulso al hacer una oferta.

Los candidatos que están trabajando dudan del cambio, en muchos casos lo quieren pero huyen de la incertidumbre que supone. Les cuesta aceptar que cualquier cambio supone un riesgo. La falsa seguridad de un empleo, la expectativa de que la antigüedad se convierta en indemnización.

Por otro lado las empresas tienen muy claro que es clave en estos momentos contar con el mejor talento.

Es por ello que, paradójicamente, en dos mandatos recientes la empresa ha contratado a dos de los candidatos finalistas.

¿El motivo? No dejar escapar la posibilidad de contratar talento.

Estamos en un momento incierto, con falta de confianza, pero es ahora cuando los directivos debemos tener las cosas claras, tomar decisiones y ser firmes en su ejecución. Y más cuando hablamos de talento.

Ignasi Rafel

Este artículo ha sido publicado en Expansión.

mayo 17, 2010 Posteado en: Artículos, Opinión, Tendencias   Leer más

La buena crisis

La palabra crisis procede del vocablo griego κρισις (krisis) y éste, del verbo κρινειν (krinein), que significa ‘separar’ o ‘decidir’. Crisis, en su etimología original, indica una ruptura, un cambio inesperado, una situación que no estaba prevista en el guión y que conviene analizar. No en vano, el prefijo sánscrito “Kri”, del que proceden los conceptos citados, significa “acción expresiva y creativa” y también “semilla que dará fruto”. Nada es casual… De ahí el término crítica, que se traduce por análisis o estudio de algo para emitir un juicio y, también a partir de aquí, criterio, que nos lleva a razonar de manera específica para poder tomar decisiones útiles y operativas. En fin, una crisis, sea de la naturaleza que sea, nos brinda la oportunidad de poner foco a situaciones que no cuestionaríamos si la inercia persistiera. La crisis obliga a pensar y, por tanto, provoca estudio y cavilación que deberían devenir en acción creativa. Y, por supuesto, es una oportunidad para el cambio y la transformación de la conciencia individual y colectiva.
Los tres vocablos comparten raíz etimológica: para reencontrarnos y sumar nuevos valores personales gracias a una crisis precisamos ser críticos. Indagar, enfrentar, insistir, repetir, canalizar lo negativo, experimentar el dolor, cuestionar nuestro papel en el mundo y nuestros límites y asumir nuestra responsabilidad. Criticar y criticarnos de forma constructiva. Entonces, y mediante el proceso de crítica impulsado por la crisis, lograremos formarnos un criterio válido y de aceptación, un punto de vista flexible, maleable y útil para gestionar el problema desde la realidad, sin negarla ni falsificarla. No asumir este proceso supone taparnos los ojos, postergar la solución del problema, para no ver al monstruo, que quizás no es tan terrorífico como imaginamos si tenemos el coraje de enfrentarlo. La sorpresa es que la mayoría de personas prefiere esconderse, mostrarse sordomuda voluntaria ante la realidad, resignarse al dolor y pretender que nunca volverá. Pero el dolor no migra: sigue dentro, agarrado a nuestras entrañas como una fiera devoradora. La crítica y el criterio pertenecen a un proyecto intricado y laborioso al que se apuntan pocos. Con todo, qué gran placer conseguir desintegrar los dolores, cual piedras areniscas, sin pensar en los que pueden venir, sin anticipar triunfos o derrotas que nos puedan desanimar a vivir el ahora. Qué gran éxito mirar lo que nos disgusta cara a cara y aplicar una opinión consciente en lugar de silbar como si nada sucediera mientras la impotencia, la pena o el pánico nos carcomen, aun sin reconocerlo.
Ya observó el primer ministro británico Winston Churchill: “La crítica no es agradable, pero es necesaria y cumple la misma función que el dolor en el cuerpo humano”. Instalarnos en la queja recurrente y en la angustia no nos deja espacio ni para la reflexión, ni para la comunicación efectiva, ni para la acción. No obstante, la sola presencia de la dificultad no constituye ninguna garantía de mejora si no nos empleamos a fondo en una buena gestión personal de lo que nos inquieta. Conviene actuar en consecuencia. Vale más una pequeña acción bien pensada que grandes intenciones que se convierten en brindis al sol. La crisis será una oportiunidad de cambio y transformación si aprendemos de los errores del pasado y nos reinventamos. Seamos críticos valientes y trabajadores incansables. La solución está en nuestras manos.

Álex Rovira
Autor del libro “La Buena Crisis”, Ed. Aguilar.
www.alexrovira.com

abril 12, 2010 Posteado en: Opinión   Leer más

Crisis? What crisis?

Supertramp - Crisis?What crisis?

Algunos de vosotros, los más entrados en años, recordareis sin duda al mítico grupo británico Supertramp, que gozó de gran popularidad en la década de los 70 y 80, y que en 1975 editó lo que por entonces conocíamos como un LP con el título de este escrito.

Hoy, pasados 35 años la palabra crisis, cuya etimología significa transformación es uno de los vocablos más utilizados que manejamos al igual que el individuo del disco la sombrilla, para protegernos, consolarnos o explicarnos todos los males que afectan a nuestra sociedad, economía y por extensión a nuestras empresas.
Bien diría que nuestro amigo de la portada no está haciendo demasiado por el entorno caótico que le rodea.

Quizás espera que pase la crisis y las cosas vuelvan a ser como antes: craso error, ya que, desde mi punto de vista, estamos viviendo un proceso de transformación estructural y no coyuntural, que debe llevar a plantearnos profundas revisiones sobre la manera de concebir los negocios, las organizaciones y en definitiva la función de muchas de nuestras profesiones. Sectores, organizaciones, productos y servicios que hasta el crack del 2008/9 (sí he dicho crack) capitaneaban la bandera del éxito, están hoy siendo masacrados sin piedad, probablemente porque sus responsables siguen tomando el sol como nuestro amigo en espera de tiempos mejores.

Creo fervientemente en la coherencia, la creatividad, la responsabilidad social, la constante redefinición, la curiosidad por lo nuevo y la resiliencia como valores que los nuevos managers deben aportar, sin olvidar que, como alguien dijo, no estamos viviendo una época de cambio sino un cambio de época.

Yo saldría de la sombrilla, y vosotros?

Hasta pronto.

Paco Ramos

marzo 31, 2010 Posteado en: Opinión   Leer más
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